Sólo un modesto acto de heroísmo.
22 Septiembre, 2009
Para Soy un mexicano cualquiera, con enorme respeto.
En las aulas donde se imparten los secretos de las llamadas Ciencias de la Comunicación es discusión inevitable el tema de la objetividad en la comunicación. Para el caso del cine y la televisión el debate se concentra en la posibilidad o imposibilidad de obtener imágenes que sean de una objetividad impoluta; es decir, despojadas de la “contaminación ideológica” que de manera voluntaria o involuntaria y en diverso grado les imprime el director y el camarógrafo en el proceso de captura y en la posterior manipulación del material.
Después de diversos experimentos, como plantar una cámara de cine o video en una esquina elegida al azar, y tras ponerla en marcha dejar que capture lo que pase frente a su lente hasta el final de la batería o la cinta –lo que suceda primero—, se llegó al resultado de que hasta en esta situación la objetividad no era completa ya que los interesados debieron elegir la orientación del tiro, la profundidad de foco y otros detalles técnicos que, según los más quisquillosos, contaminaron el producto final.
Sin embargo, hasta donde sé, nadie expuso el potencial de objetividad que nos puede brindar una cámara de vigilancia como la que captó los hechos del viernes pasado en la estación Balderas del Metro.
Con base en las imágenes registradas por el sistema de vigilancia pudimos atestiguar las acciones impremeditadas y desinteresadas que el señor Esteban Cervantes Barrera llevó a cabo con el afán de detener lo que a todas luces ya era un caos de ira, impotencia y terror. ¿Son estas imágenes una fuente objetiva para juzgar si Esteban Cervantes actuó de manera heroica? Estoy seguro que sí. Estoy absolutamente claro de que Esteban Cervantes Barrera actuó de manera heroica y por consecuencia no cabe otro adjetivo para él más que el de héroe, porque con su acción le regaló preciosos segundos al resto de los pasajeros para que pudieran ponerse a salvo. Nunca podremos saber cuántas vidas más se hubieran perdido de no haber actuado como lo hizo.
Pero, ¿se debe adjudicar este título a todo aquel que intente detener una balacera sin pensar en las consecuencias? Desde luego que no. Digamos, por ejemplo, que de manera azarosa terminamos en medio de una trifulca entre borrachos. Al calor de los improperios los involucrados sacan armas y disparan sin ton ni son. En esa situación lo correcto es salir por piernas y dejar que los irresponsables se maten entre ellos. Si ese hubiera sido el caso el viernes pasado (2 o más briagos peleando en el andén), hoy estaríamos calificando a don Esteban con adjetivos distintos. Es el contexto el que viste a los héroes.
Otros ejemplos de la presencia irrefutable del heroísmo son el de los famosos topos, que tras el terremoto del ’85 salvaron decenas de vidas atrapadas entre los escombros sin detenerse a pensar en el riesgo que corrían ni en el desamparo en que podían dejar a sus familias. O el de la comunidad menonita de Le Barón, Chihuahua, que le dijo no a la extorsión de los criminales que habían secuestrado a uno de sus integrantes, circunstancia que más tarde derivó en el cruento asesinato de sus líderes y en la decisión de armarse y entrenarse para enfrentar cualquier agresión posterior.
El asunto fundamental está en la educación. A diferencia de la comunidad de Le Barón o la postura contra la injusticia de Esteban Cervantes (que ahora sabemos fue su distintivo en la vida) el resto fuimos educados en la idea de que los garantes de nuestra seguridad son los cuerpos policíacos y eventualmente el ejército. Nos enseñaron a no defender a nadie que no sea de nuestra familia o, ya siendo muy flexibles, de nuestros amigos. Es decir, si por alguna razón los cuerpos de seguridad no están presentes en el momento de un conflicto nos enseñaron a huir, agacharnos o someternos. ¿O acaso no nos decían nuestros padres “cuando veas conflicto, TÚ NO TE METAS”?
Resulta curioso percatarse que la opción del “no te metas” es ajena a la naturaleza humana. Dado que somos animales gregarios e irreductiblemente sociales lo natural sería que en situaciones de peligro actuáramos como grupo y no como individuos. Que reaccionáramos de manera colectiva para resguardarnos y protegernos con la fuerza de los muchos en contra de los depredadores. Eso es justamente lo que faltó en la terrorífica escena del viernes allá en la estación del Metro Balderas. La abrumadora mayoría de los presentes actuaron como manada de borregos cuando el imperativo ético era reaccionar como manada de lobos. Por eso dejaron morir solo a Esteban Cervantes Barrera.
Da pena, dolor y consternación imaginar lo diferente que hubiera sido el resultado si detrás de don Esteban hubieran saltado 4, 5 o 10 de los cientos de baquetones que cobardemente se quedaron a contemplar la masacre. Para desgracia nuestra el hubiera no existe, no existió y si no cambiamos nuestra mentalidad quién sabe para cuando existirá.
Por último, el calificativo de héroe también le corresponde a ese único hombre que saltó en auxilio de don Esteban. Se llama Delfino Aguilar Martínez y es empleado de la Subsecretaría de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad Pública del DF. Hasta hoy continua hospitalizado debido a los 2 balazos que le propinó el asesino de don Esteban y del policía Víctor Manuel Miranda. Honor a quien honor merece. Y una sincera disculpa por haber omitido su actuar en mi artículo anterior.
PS.
Quiero añadir a esta reflexión una parte del punto de vista de la periodista Katia D’Artigues, publicado ayer lunes en el diario El Universal:
“Metro Balderas; viernes 18 de septiembre, 17:40 horas. Luis Felipe Hernández Castillo venía de un poblado de Jalisco cercano a Lagos de Moreno, Jalisco donde sí había recibido tratamiento no sabemos si psquiátrico o psicológicos. Venía, dice su hermano, con la firme intención de hablar con Felipe Calderón para alertarlo sobre los peligros del cambio climático. Lo buscó en el Zócalo –no se sabe si en Palacio Nacional o en el edificio del Ayuntamiento. No lo recibieron. Se subió al Metro e intentó hacer una pinta. “Gobiernos criminales”, todo parece indicar.
Lo intentaron detener, pero él sacó una pistola .38 de la mochila que llevaba y en la que también tenía panfletos ecologistas: el policía Víctor Manuel Miranda Martínez y también un soldador de 58 años, Esteban Cervantes Barrera. Los dos murieron en el intento. Uno con el deber de su trabajo; el otro con el que consideraba –como luchador que fue— de su vida.
Cualquier muerte como esta es trágica.
(…)
Pero a mi la que más me conmueve es la de Cervantes Barrera, quien se topó con su asesino cuando iba de regreso a su casa. Que según las crónicas que se pueden hacer de ver los videos del Metro (parte de las 11 mil cámaras que por estos días de Informe presume Marcelo Ebrard), murió tras recibir varios balazos. Que no se arredó y luchó contra Hernández Castillo varias veces.
El que deja ahora una familia más numerosa y que dependía de él: no sólo los cinco hijos que tuvo con su esposa, Marta: Graciela, Gerardo, Gabriel, Verónica y Laura… sino también dos de sus nietos, hijos de una de sus hijas, quien es madre soltera. Es decir: un verdadero héroe civil. No hay otra manera de decirlo.”
¡Sale! Piensa, actúa y toma el poder.
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Comentarios (2)






Objetividad impoluta
No es mi intención debatir al respecto, mi estimado y siempre respetado Amotinado, y tampoco espero una coincidencia en nuestros puntos de vista; mi interés principal es expresar, compartir y exponer mi muy personal punto de vista sobre este tema en particular. Así pues, diré:
Efectivamente, en las aulas donde se enseñan las Ciencias de la Comunicación, o por lo menos en las de la Máxima Casa de Estudios, es discusión inevitable la objetividad en la comunicación; por eso mismo he de preguntar ¿Cine? ¿Televisión? ¿De qué estamos hablando? Estos lamentables acontecimientos nada tienen que ver con el cine, la televisión, la Internet, el video home o similares. Ese tema es punto y aparte o… ¿Dónde me perdí?
¿Es necesario aclararlo? Estoy seguro que no, pero de cualquier forma lo haré: No, nunca ha pasado por mi mente la posibilidad de que este hecho sea un montaje realizado por nosequién para lograr nosequé; la simple idea me parece absolutamente limitante y muy cercana a la estupidez. No está en duda la objetividad de las imágenes y jamás lo estará, eso no está a discusión. Los hechos son tan objetivos como las imágenes mismas que captó una cámara instalada precisamente con ese propósito, vigilar lo que ocurre en los andenes del Sistema de Transporte Colectivo Metro.
Pero… ¿Son estas imágenes una fuente objetiva para juzgar si el señor Esteban Cervantes actuó de manera heroica? No lo considero así. Sin embargo sí estoy seguro que actuó de forma valiente y hasta temeraria.
Diferentes “razones” hay para considerar a alguien un héroe; como aquel que se lanza para salvar a un niño que cae de un árbol o de una azotea; los valientes que rescatan a una persona atrapada en un auto que está a punto de arder en llamas; también los que exponen o incluso dan su vida por conseguir la libertad de un pueblo (y en México tenemos varios ejemplos, por desgracia no todos reconocidos por la historia oficial de este país); o los que se tienden sobre una bomba a fin de evitar que mueran más personas; todos esos actos son considerados heroicos, sí. Desde luego que sí, y pienso lo mismo “Es el contexto el que viste a los héroes”
Los topos son un ejemplo claro, de acuerdo; la comunidad de Le Barón es otra muestra de heroísmo, sin lugar a dudas. Y ahí está punto clave, y con todo respeto hacia el señor Esteban Cervantes lo digo, si quizá y sólo quizá, el señor Esteban Cervantes hubiese analizado lo que estaba ocurriendo antes de arremeter contra el asesino, tal vez y sólo tal vez, hubiese evitado otra muerte además del oficial caído, quizá y sólo quizá hubiese evitado su propia muerte. En ese caso, y usaré el inexistente hubiera (que es lo mismo que el hubiese), si hubiera esperado tan sólo unos segundos antes de actuar, tal vez hubiera atacado con mayor éxito al imbécil que disparara contra Víctor Manuel Miranda Martínez.
Dicho esto, haré otras preguntas, sin esperar respuesta: ¿No tendríamos entonces que considerar un héroe al otro oficial que actuó inmediatamente, que fue recibido a balazos por aquel desquiciado y que huyó para salvar su vida? ¿Él no es un héroe porque huyó intentando ponerse a salvo, reaccionando de una manera absolutamente humana? ¿No tendríamos que considerar un héroe a Delfino Aguilar Martínez? ¿No tendríamos que considerar un héroe al oficial de la policía judicial que se enfrento al asesino exponiendo también su vida? ¿No tendríamos que considerar héroes a los demás policías judiciales que detuvieron al descerebrado sin ocasionar un solo herido o muerto más? ¿No tendríamos que considerar héroes a todas aquellas personas que evitaron que sus acompañantes actuaran como don Esteban Cervantes y que hoy estuvieran, como él, sin vida? ¿Por qué unos sí y otros no? ¿Qué acaso el contexto que vivieron todos ellos no es el mismo que vivió don Esteban Cervantes?
Y ya no hablemos de la nula objetividad con que actúan los medios de comunicación y el gobierno mismo de este país; ahí sí podemos hablar de lo que se discute en las aulas donde se enseñan las Ciencias de la Comunicación, por lo menos en las de la Máxima Casa de Estudios; ahí sí podemos criticar las estupideces de las que se sirven los funcionarios del gobierno para justificar su absoluta incompetencia; porque ahora resulta que la “noticia” está en lo héroes de esta “película” y no en lo que está ocurriendo en este país que cada vez está más cerca del abismo; ahora resulta que lo que importa es cómo actuaron los ciudadanos ante lo ocurrido en el metro Balderas y no la razones que están originando que cada vez sea más peligroso salir a la calle.
Pero no vale la pena desviarse en vicisitudes como la porquería de gobierno que tenemos, así que por el momento es todo lo que diré.
Admiración y respeto para ti Amotinado.
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