NO AL VOTO EN BLANCO, SÍ AL VOTO NULO.
18 Junio, 2009
Desde sus mullidos sillones de piel, desde las curules usurpadas, desde sus cuarteles partidarios y desde las oficinas gubernamentales convertidas en caterva de carroñeros, se levanta la voz indignada de los autodenominados representantes de la sociedad. Califican de daños a la democracia, de “voto inútil”, de acción antidemocrática o de irresponsabilidad ciudadana al acto de anular nuestros votos.
No diré nada de que ellos son los verdaderos autores de la debacle democrática ni añadiré nada a los argumentos ya ofrecidos por los defensores de la anulación del voto, no es necesario. Simplemente mencionaré que la anulación del voto es un hecho tan sencillo e inobjetable como marcar un tache bien grande sobre todos y cada uno de los logotipos partidarios.
¿Quién puede evitar que eso suceda? Nadie. No hay poder suficiente en este país para obligarnos a votar por alguno de sus corruptos candidatos. ¿Que no son corruptos? ¡Que lo demuestren! Porque desde mi punto de vista todos son culpables salvo que demuestren lo contrario.
¡Anular el voto no es delito! ¡No es pecado! No hay culpa ni castigo alguno para quienes lo lleven a cabo. Entonces, para qué tanto escándalo, para qué tanta discusión, para qué tanta propaganda. ¿Acaso creen que de nuestras mentes pueden borrarse sus mentiras, sus atracos, sus crímenes y su podredumbre con cantidades ingentes de publicidad? Si es así, sólo reconfirman nuestras certezas: son imbéciles, ineptos, rateros y criminales.
Pero, quizás ahora sí estén preocupados. Tal vez piensen que la gran masa de borregos berrea demasiado fuerte y amenaza con salirse del corral. Tal vez presienten que podemos sacarlos a patadas del poder. Y si por algún extraño fenómeno sus sentidos han lanzado la alarma, pues esta vez su preocupación tiene sustento. Los podemos sacar del poder, debemos echarlos porque son un obstáculo intolerable para que tengamos una vida tranquila, digna y productiva. Son la piedra que impide nuestro avance como nación y ya llegamos al tope, ya no podemos eludirlo. Llegamos al momento de realizar una profunda limpia de nuestra sociedad. Y comenzaremos esta tarea utilizando la última herramienta que nos han dejado: nuestro voto.
Para ello, este 5 de julio tacha la boleta. Hazlo como quieras, miéntales la madre, exígeles que se vayan todos, califícalos como gustes, pero, por favor, NO dejes la boleta en blanco. No hay ninguna razón para que lo hagas. Los medios de comunicación han hecho una revoltura de conceptos en la que abstencionismo, voto en blanco y voto nulo nos los presentan como una y la misma cosa. ¡Nada más erróneo! Optar por el abstencionismo significa quedarse en casa y no acudir a las urnas. ¡Eso no es voto nulo! Elegir el voto en blanco significa acudir a las urnas, recibir las boletas y dejarlas en blanco, sin marcas ni leyendas. ¡Eso no es voto nulo! Anular nuestro voto significa tachar, rayonear o escribir nuestro pensar sobre la boleta, es dejarla inutilizable para evitar que una mano negra pretenda usarla para favorecer a algún partido o candidato.
Ese es el primer paso. El segundo es difundir por todos los medios a tu alcance el propósito democratizador de la campaña por el voto nulo. Envía este y todos los textos que encuentres sobre la campaña a todos tus conocidos. Mueve tu correo electrónico. Conviértelo en uno más de los miles de focos para la difusión de esta acción legítimamente democrática.
¡Vamos por millones de votos nulos! ¡Hagamos que la voz de la gente trabajadora, honesta y productiva se haga sentir este 5 de julio!
¡Anula tu voto!
¡Sale! Piensa, actúa y toma el poder.
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