3 simples reglas para nutrir nuestra consciencia sobre el poder
5 Noviembre, 2008

La ya confirmada victoria de Barack Obama en los comicios electorales realizados en la nación más poderosa del planeta, los Estados Unidos de Norteamérica –por un amplio margen de 2 a 1 en el acopio de delegados al antidemocrático Colegio Electoral—, acompañada de multitudinarios festejos callejeros por todo el país, pone de nueva cuenta en la agenda de las expectativas populares la esperanza de cambio. Pero, ¿de qué cambio hablan las masas? ¿qué cambios son los realmente necesarios? Y, ¿qué cambios efectivos y mensurables podemos esperar del primer presidente negro en la historia de la Unión Americana? Para intentar el armado de un grupo de respuestas para estas interrogantes (siempre transitorias e imperfectas cuando se trata de atisbar en el futuro), debemos antes aprehender y aprender algunas reglas básicas que nos ayuden a lidiar con la realidad, esa terca e implacable tirana capaz de hacer añicos nuestros sueños siempre que éstos comienzan a despegar los pies de la tierra.
En esta entrada, pues, te tengo otra listita que considero muy útil para desnudar a los poderosos, sin importar el disfraz que porten. Estas son 3 simples reglas para nutrir nuestra consciencia sobre el poder y sus representantes.
- Nunca deposites tu confianza en una persona política, económica o socialmente poderosa. La era de los estadistas hace buen rato que terminó. Los héroes de antaño a la Gandhi, De Gaulle, Roosevelt y otros, no existen más. De mi memoria extraigo 2 nombres que a mi juicio todavía encarnarían algo de la personalidad imaginativa y constructiva propia de los estadistas: Vaclav Havel, poeta y ex presidente de la antigua Checoslovaquia, nación que vivió la llamada Revolución de Terciopelo bajo su liderazgo; y Nelson Mandela, el libertador de Sudáfrica. Y esto es así porque las relaciones de poder a nivel mundial se han trastocado por el tipo de globalización que estamos sufriendo: la globalización del colonialismo económico. Hoy los llamados “políticos” son en realidad millonarios en busca de privilegios especiales para el desarrollo de sus negocios. Para ellos, las necesidades populares son asuntos secundarios que deben administrarse a cuentagotas para que duren mucho, mucho tiempo en la lista de problemas a resolver. Por ejemplo: A pesar de que hoy en el mundo hay más medicinas, más alimentos, más comunicación, más transporte, más tecnología, en fin, más dinero y riqueza que nunca, también hay más pobres, más hambre, más muertes por enfermedades curables, más migración, más violencia y más corrupción que nunca antes en la historia de la humanidad. La desigualdad ha llegado, incluso, a niveles sin precedente memorable a los países desarrollados. Por todo esto –y por muchas razones más— nunca deposites tu confianza en un poderoso, sea político, empresario, inversionista o líder religioso.
- ¡Entérate y asimílalo, el sistema democrático-electoral es un fraude, un engaño y una farsa! ¿Quién es Barack Obama? Un empresario súper millonario. ¿Quién es John McCain? Otro empresario súper millonario. ¿Quién es Nicolás Sarkozy? ¡Otro millonario! ¿Quién es Berlusconi? ¡Uno más! Y así podemos recorrer la lista completa de naciones del planeta para encontrar exactamente lo mismo. ¡En todos o casi todos los países gobiernan los millonetas! ¿Por qué? Porque ser alto funcionario de gobierno en cualquier país, ¡es un gran negocio! Por tanto, la palabra democracia constituye, en los hechos, un extensísimo valle desolado. ¿Sabes quiénes realmente fueron los electores definitivos en los comicios estadounidenses? Respuesta: Los grandes consorcios financieros e industriales. Ellos necesitan de un “colega” en el gobierno para proseguir sin contratiempos sus tareas de depredación (labores comúnmente conocidas como “negocios”). Respecto de las campañas electorales, sólo decir que hoy en día son un espectáculo mediático y nunca más un ejercicio ciudadano.
- Los problemas más acuciantes de la humanidad nunca se van a solucionar (con este sistema político-económico-social). ¿Te suena como a una afirmación muy drástica? ¿Albergas alguna esperanza de que si no es en este será en el próximo gobierno de tu país cuando los problemas se resuelvan? ¡Ups! Me temo que eso no sucederá. Y, por el contrario, los problemas irresueltos aumentarán de magnitud y a ellos se sumarán nuevos y graves conflictos y deficiencias. Esto es y seguirá así porque hay un pequeño detalle que caracteriza a los grandes problemas del mundo: son muy rentables. Es decir, hay quienes obtienen enormes ganancias monetarias a través de la administración –léase medro, posposición o rezago— en la solución de los problemas. ¿Cómo es que la pobreza, las enfermedades, el hambre, las guerras y demás catástrofes pueden representar ganancias para alguien? Bueno, cuando hay millones de desempleados por todas partes significa que los puestos de trabajo son escasos y el monto de los salarios se reduce notablemente. La producción, entonces, debe llevarse a cabo con el mismo ritmo creciente pero con menor cantidad de empleados. Esto redunda en mayores ganancias a la hora de la comercialización. Respecto de las enfermedades, recordemos que las grandes compañías farmacéuticas son, ante todo, empresas privadas con objetivos de lucro y tienen el control total del desarrollo, producción y distribución de los medicamentos. Para obtener la impresionante rentabilidad que gozan mantienen permanentemente un cierto grado de escasez de sus productos, así conservan en alto los precios. La consecuencia inmediata es inaccesibilidad de miles de millones de seres humanos a las curas para sus padecimientos. Para continuar con este recorrido por las conductas humanas ejemplares, nombraremos al campeón de la filantropía, el mega consorcio estadounidense Monsanto, la empresa agroquímica más grande del mundo, fabricante de abonos y pesticidas altamente tóxicos. Como toda empresa privada, el principal objetivo de Monsanto es la obtención de jugosas ganancias económicas. Para ello ha creado lo más avanzados laboratorios de investigación y desarrollo de semillas transgénicas. Esto es, semillas alteradas en su genes con el fin de ser más resistentes a las plagas y, presumiblemente, para ser más productivas. Sin embargo, Monsanto es hoy en día el monopolio global de los alimentos. Con ese poder mundial, decide a voluntad que tipo de semillas se deben sembrar y en donde, dando como resultado la apropiación del poder de administrar la repartición de alimentos. ¡Negocio redondo! Y para concluir, el ejemplo más claro y nítido de cómo lucrar con el dolor humano: la guerra. Durante el último año de su mandato, George W. Bush autorizó la compra de armamento (¡claro, a las empresas privadas dedicadas a este giro!) por un monto de 585 mil millones de dólares. Y, como podemos deducir, estos consorcios no son hermanitas de la caridad ni regalan su tecnología. ¡Ganaron dinero a manos llenas! Además, las armas son para usarse y desgastarse para después sustituirlas con los más novedosos y mortíferos productos que tales empresas pueden ofrecer. Y se han usado y desgastado en Irak, Afganistán, Medio Oriente, aquí, acá y acullá. En tanto, los políticos juegan el papel de justificadores de la infamia. Por todo esto te puedo asegurar que los problemas de mundo SÍ van a terminar… Pero hasta que tú quieras.
¿Ahora, todavía tienes confianza y esperanzas en el “cambio” que propone Barack Obama?
¡Sale! Piensa, actúa y toma el poder.
(Caricatura de J. Kalvellido – www.kalvellido.net)
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